Portrait of a friendship

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Desde el año 2011 en que Brett Kilroe, diseñador de portadas de discos y artífice de eventos del mundo rock´n´roll,  fue diagnosticado de un cáncer de colon hasta su muerte en marzo del pasado año, su amigo y fotógrafo Dan Winsters retrató estos cuatro años de enfermedad. No creo que una imagen valga más que mil palabras ya que una palabra acertada puede valer más que mil imágenes, pero estas fotos son tan hermosas y a la vez desgarradoras, que probablemente describen física y emocionalmente de una manera ejemplar la enfermedad y la muerte.

Acercarse al mundo de la muerte no es fácil y hacerlo a través de los esquemas reduccionistas que solemos utilizar en el ámbito biomédico lo hace más complejo. Por ello reflexionar sobre la muerte a través de materiales narrativos como la poesía, el cine, la pintura o la fotografía ensancha nuestra mirada.

Con este ejercicio que os proponemos desde la IX Edición del Diploma de Bioética de la Escuela Andaluza de Salud Pública, nos gustaría que nos hicierais llegar reflexiones y materiales como las que muestran estas imágenes.

Podéis consultar las entradas a este blog para ver trabajos que hicieron compañeros y compañeras vuestras en otras ediciones.

¡Espero vuestras aportaciones¡

Maite Cruz

 

 

 

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¿Qué es la muerte?

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¿ Qué es la muerte?

Antes de responder a esta  pregunta tenemos que saber que todo lo que existe a tu alrededor, la mesa donde escribes, tus células, tu mano, el sol, la luna, la tierra, todo lo observable y medible en el universo, está compuesto básicamente por cuatro tipo de átomos que se combinan entre sí para crear vida y materia (carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno)

La vida al igual que la muerte es un proceso que a día de hoy, la ciencia no aclara.

Vivimos en un mundo que no es único, de una galaxia entre millones de ellas, y todo esto compuesto por estos cuatro atomos que combinados son los verdaderos creadores de todo.

“El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y todo lo que será. Nuestras más ligeras contemplaciones del cosmos nos hacen estremecer: Sentimos como un cosquilleo nos llena los nervios, una voz muda, una ligera sensación como de un recuerdo lejano o como si cayéramos desde gran altura. Sabemos que nos aproximamos al más grande de los misterios” 

Carl Sagan

Pero… ¿qué es un átomo? Básicamente es espacio vacío en un 99 % .

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La materia esta formada de ellos.

En su centro existen diferentes particulas atomicas que forman el atomo, y en él  una gran energía. Si estos mismos átomos son los que nos forman, ¿no seremos energía en estado puro?

La física cuántica dice que lo que llamamos materia es en realidad un estado de vibración energética. A esta energía se la describe como pequeños filamentos o cuerdas que vibran a distintas frecuencias y dan forma a la “materia”.

“Nadie comprende la física cuántica.” 

Richard Feynman

Esta definición es la famosa teoría de cuerdas, estas  partículas atomicas que forman el átomo vibran en más  de 4 dimensiones de espacio-tiempo. Las diferentes teorías de cuerdas que existen cambian solo en lo relativo a las dimensiones de espacio-tiempo que predicen. Teniendo esto presente si un electrón vibra de diferente manera en el espacio-tiempo puede convertirse en un fotón o en cualquier otra partícula , todo lo que nos rodea es una cuerda vibrando de una manera determinada.

“Vivimos en un lugar asombrosamente complejo. Los seres humanos siempre estamos curiosos por saber qué ocurre en la naturaleza, y nos preguntamos ¿por qué estamos aquí? ¿de dónde venimos y de dónde viene el mundo?” 

 Brian Greene

La teoría además de sus dimensiones extra, nos dice que existen universos paralelos al nuestro.

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“Nada existe excepto átomos y espacio vacío; todo lo demás son opiniones.” 

 Demócrito

Lo grande y lo pequeño no tiene diferencia en nuestro universo, es nuestro limitado conocimiento el que nos confunde. Una gota de agua en un microscopio y la luna en un telescopio son muy parecidas.

 

Si la energía no se destruye, solo se transforma, ¿dónde van nuestros átomos (energía) cuando dejamos de vivir?

La muerte es un intercambio de energía , nuestro átomos no son nuestros ,ya estaban aquí mucho antes que la vida surgiera en la tierra ,proceden de lugares y tiempos muy remotos.

El fin de la vida es el comienzo para nuevas y complicadas estructuras de estos ladrillos fundamentales de la materia.

Somos su vehículo, energía que fluye en un ir y venir desde hace millones de años.

Dolores Galván Fernández

Das Sein zum Tode*

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*Referencia a Heidegger y su ser-para-la-muerte. En esencia, somos arrojados a la vida y nuestro último destino es la inexorable muerte.

El año 399 a.C. fue, seguramente, uno de los más aciagos en la historia de la filosofía. Un jurado popular ateniense compuesto por 501 personas acordó, en segunda instancia, condenar a Sócrates a la pena de muerte. Él, que tras la primera votación muy disputada ironizó con las posibles condenas que deberían aplicársele, acató la sentencia sin atender a las alternativas de huida ofrecidas por sus colegas. Murió ese mismo año, días después del juicio, al tomar la cicuta que le daría fin rodeado por sus amigos (como se aprecia en el cuadro más arriba).

Platón, filósofo ateniense discípulo de Sócrates, realiza un extenso recorrido por aquel juicio en la Apología de Sócrates; señalando las injusticias del mismo y lo absurdo de la acusación a su maestro: corromper a los jóvenes atenienses. Pero este escrito, de obligada lectura para cualquiera con interés en la filosofía, define como el propio Sócrates tenía una concepción de la muerte que en absoluto albergaba miedo o dolor, sino todo lo contrario. La idea de la muerte para el filósofo griego era algo placentero para él, y desde luego, mucho más que el hecho de vivir de forma indigna traicionando a un pueblo, unos dioses y unas leyes que, aun injustas, eran fundamentales para la vida en sociedad.

Pero ya es tiempo de que nos retiremos de aquí́, yo para morir, vosotros para vivir. ¿Entre vosotros y yo, quién lleva la mejor parte? Esto es lo que nadie sabe, excepto Dios. 

Vemos aquí, que la preocupación de Sócrates no gira tanto en torno a la idea de muerte, que puede evitara fácilmente y no lo hace, sino a la idea de vida digna. Su idea de lo que vendría después de la muerte era sumamente alentadora para cualquiera que la leyese y desde luego también para él mismo.

Profundicemos un tanto la cuestión, para hacer ver que es una esperanza muy profunda la de que la muerte es un bien.

Es preciso de dos cosas una: o la muerte es un absoluto anonadamiento y una privación de todo sentimiento, o, como se dice, es un tránsito del alma de un lugar a otro. Si es la privación de todo sentimiento, una dormida pacífica que no es turbada por ningún sueño, ¿qué mayor ventaja puede presentar la muerte? Porque si alguno, después de haber pasado una noche muy tranquila sin ninguna inquietud, sin ninguna turbación, sin el menor sueño, la comparase con todos los demás días y con todas las demás noches de su vida, y se le obligase a decir en conciencia cuántos días y noches había pasado que fuesen más felices que aquella noche; estoy persuadido de que no solo un simple particular, si no el mismo gran rey, encontraría bien pocos, y le sería muy fácil contarlos. Si la muerte es una cosa semejante, la llamo con razón un bien; porque entonces el tiempo todo entero no es más que una larga noche.

Pero si la muerte es un tránsito de un lugar a otro, y si, según se dice, allá́ abajo está el paradero de todos los que han vivido, ¿qué mayor bien se puede imaginar, jueces míos? Porque si, al dejar los jueces prevaricadores de este mundo, se encuentran en los infiernos los verdaderos jueces, que se dice que hacen allí́ justicia, Mines, Radamanto, Eaco, Triptolemo y todos los demás semidioses que han sido justos durante su vida, ¿no es este el cambio más dichoso? ¿A qué precio no compraríais la felicidad de conversar con Orfeo, Museo, Hesíodo y Homero? Para mí, si es esto verdad, moriría gustoso mil veces. ¿Qué trasporte de alegría no tendría yo cuando me encontrase con Palamedes, con Afax, hijo de Telamon, y con todos los demás héroes de la antigüedad, que han sido víctimas de la injusticia? ¡Qué placer el poder comparar mis aventuras con las suyas! Pero aun sería un placer infinitamente más grande para mí pasar allí́ los días, interrogando y examinando a todos estos personajes, para distinguir los que son verdaderamente sabios de los que creen serlo y no lo son. ¿Hay alguno, jueces míos, que no diese todo lo que tiene en el mundo por examinar al que condujo un numeroso ejército contra Troya o Ulises o Sísifo y tantos otros, hombres y mujeres, cuya conversación y examen serian una felicidad inexplicable? Estos no harían morir a nadie por este examen, porque además de que son más dichosos que nosotros en todas las cosas, gozan de la inmortalidad, si hemos de creer lo que se dice. 

Pero no solo fue Sócrates quien tuvo interés por como llevar una vida buena y digna, sino que sus dos sucesores directos y más notables (Platón y Aristóteles) también pusieron gran interés en desarrollar una guía para explicar como sería la vida buena. Sin embargo, su interés por la muerte era algo más escaso. Y si bien podríamos afirmar que Platón seguramente mostró más desprecio al mundo sensible que su discípulo Aristóteles, de los dos podemos excavar una valiosa lección sobre la muerte y lo que conlleva.

Para que podamos entendernos en este artículo, considero fundamental aclarar unos términos antes de empezar a proceder con mi argumentación discursiva. En la discusión ética y legal podríamos decir que están aceptados como válidos unos estándares que distinguen (para tranquilidad de una sociedad que gusta de líneas claras) en qué se diferencia retirar un soporte vital, llevar a cabo un suicidio asistido y practicar una eutanasia[1]. Las diferencias son difíciles de comprender para aquellos que no estén familiarizados con el tema, e implican, fundamentalmente, una salvaguarda moral y judicial para quienes llevan acabo la acción concreta de dar muerte a un individuo. Sin embargo, en esencia, considero que para la discusión que nos atañe podemos universalizar estos conceptos porque mi fin aquí será señalar los conceptos de dignidad y libertad.

Entrando en cuestión y escapando de aquellas posibilidades metafísicas puramente teóricas e infalsables, el nacer es un hecho irremediable y no elegido; y como tal, injusto. Uno no elige donde nace, su expectiva vital ni su suerte. Y, sin embargo, de alguna u otra forma está destinado a tomar todas las decisiones futuras durante el resto de su vida.

Dejando de lado las coacciones, la manipulación y la ceguera colectiva; parece consensuado socialmente que uno es dueño de su vida, responsable de sus actos y partícipe, en tanto que vivimos en sociedades democráticas con derechos y deberes, en la vida de otros. Así, cualquier Estado debería velar no solo por la protección de los individuos sino por el respeto a las decisiones de estos, siempre y cuando estas decisiones no perjudicasen los modus vivendi del resto.

Así mismo, echando un ojo a las últimas estadísticas del INE (Instituto Nacional de Estadística, 2018), España tiene una esperanza de vida conjunta al nacer superior a los 83 años: 80,3 para los hombres y 85,8 para las mujeres. La vida para los españoles, estadísticamente, es larga. Y eso, por cuestiones de sentido común biológico, genera que hoy tengamos más enfermedades crónicas, terminales o degenerativas, y, en consecuencia, más personas con vidas que los pacientes podrían considerar indignas e invivibles.

Aun con dificultades, la mayor parte de los Estados occidentales cumplen con la función de mantener intactas las libertades negativas de sus ciudadanos. Todos tenemos libertad para poder disfrutar libremente de los mismos derechos que cualquier ciudadano independientemente de nuestro sexo, raza, ideología u orientación sexual. Sin embargo, por razones metafísicas, religiosas y filosóficas el respeto a la decisión de morir como uno quiera no siempre entra en esos planes.

Ese motivo provoca que aquellos que quieren morir en un momento aún digno de sus vidas, y que son conscientes de lo que hacen y las razones por las que lo hacen (muerte inminente, sufrimiento crónico e inaguantable o pronóstico negativo por tener una enfermedad degenerativa) deban recurrir a suicidarse y arriesgarse a fallar sin el amparo del Estado para llevar a cabo un acto que garantizaría su dignidad, autonomía y libertad.

Debemos exigir a todos los Estados democráticos que cumplan con el cometido más importante para el que están designados, respetar las decisiones de sus ciudadanos para que puedan llevar una vida libre y digna sin perjudicar al resto. Por supuesto, deben encargarse de garantizar que los motivos por los que alguien quiera acabar con su vida de forma digna y muriendo como uno elija (εὐθανασία) sean suficientes como para que esta pueda llevarse a cabo.

Esas garantías deben estar enfocadas hacia dos posiciones igualmente necesarias. La primera, garantizar que el Estado ha ofrecido a la persona que desea acabar con su vida todas las garantías socio-económicas que le permitan llevar una buena vida; y la segunda, asegurar una atención física y psicológica que certifiquen que, en efecto, esa persona toma una decisión racional y razonada.

Porque, si nuestro objetivo como sociedad es respetar la autonomía, la dignidad y la libertad humana, no hay forma más justa de hacerlo que luchando por el derecho de que nadie sufra los efectos de la indignidad, la vergüenza y la impotencia de vivir una vida que no quieren ni merecen vivir. Dejando de lado cuestiones metafísicas o religiosas, tenemos como sociedad una responsabilidad con aquellos que desean poner fin a una vida insufrible y debemos abordar este problema cuanto antes.

Gonzalo Díaz Corbacho

[1] Este debate tiene importantes implicaciones teóricas que no se van a abordar en este escrito, pero que deben tenerse en cuenta si se quiere realizar una valoración objetiva sobre las diferentes acciones de dar muerte a una persona.

 

La muerte, ¿nos aguarda o acompaña?

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Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 

a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Más no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Constantino Cavafis.

La muerte, nuestra particular Ítaca. Ese lugar al que, sin saberlo, iniciamos viaje el día mismo de nuestro nacimiento, día en que quizás, como si del asalto a Troya se tratase, vencimos a la nada de la que procedemos.

La muerte, ¿de qué si no nos puede estar hablándonos el poeta griego Cavafis?                    Ítaca, ese lugar universal, común, y siempre diverso, al que estamos todos convocados desde el primer momento de nuestra existencia.

Aunque por momentos  sin querer saberlo, todos avanzamos hacia nuestra finalidad. Esculpidos como estamos en finitud, avanzamos hacia la consecución de nuestra particular Ítaca.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino…

Y sin embargo, puede que la muerte no nos espere, que no esté aguardándonos, que no se dedique a contar paciente, como la que se sabe segura y cierta, el tiempo restante…      Quizá, más que un aparecer sorpresivo, sea la muerte una presencia constante, una leal y desconocida compañera de viaje.

Quizá siempre nos acompañe, por más que nos empeñemos en ignorarla, en mirar hacia  otro lado, como si a fuerza de desdeñarla pretendiésemos sustraernos a su poder…            De la muerte no se habla, mejor no hablar de ella: aquello que no se nombra parece que no existe

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Puede que su presencia nos acompañe desde siempre, desde el primer momento de  nuestra existencia. Discreta, serena, indicando silenciosa cuán pleno debiera ser nuestro  viaje, nuestra vida, cuán cargadas de sentido debieran estar nuestras jornadas.

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Decía Norman Cousins que “la muerte no es la mayor pérdida de la vida. La mayor pérdida es lo que muere dentro de nosotros mientras vivimos”.

Y puede que la mayor pérdida sea realmente todo aquello que muere en nosotros porque no supimos darle vida. Todo aquello que muere porque no supimos vivirlo en plenitud. Todo aquello que no supimos sujetar  en nuestras manos y  permitimos descuidados que se nos escapara.

Puede que la mayor pérdida sea todo aquello que muere,         a4                                               todo aquello que nos perdemos, mientras nos enredamos y  “hacemos otros planes”, que diría John Lennon…

Cuánto de muerte debiera haber cada día en nosotros a todo eso que no es vida y nos mantiene entretenidos, como si nos empleásemos en cosas importantes.

Cuánto debiera haber en nosotros de abrazar la muerte en el corazón, y no tan solo en la mente, para conseguir llegar lo más plenamente vivos a ese día en que atraquemos en nuestra Ítaca y la muerte se funda con nosotros en el abrazo definitivo.

Morir no es un acontecimiento, sino un fenómeno a comprender existencialmente”, nos dirá Heidegger, y nos instará a vivir una vida auténtica haciéndonos conscientes de la muerte como límite máximo de nuestras posibilidades. Sólo en ese darnos cuenta de que somos finitos podremos alcanzar la dimensión de plenitud de cada uno de los instantes que estamos llamados a vivir.

Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca
”.

Hoy, de forma sorpresiva, me han comunicado que ha fallecido un compañero de promoción tras un espacio de tiempo a cargo de paliativos. A sus compañeros nos pilla de improviso, no sabíamos nada. El primer pensamiento compartido es que ha sido pronto, que aún “no tocaba”. Como si para morirse hubiese edades.

Parece que el morirse fuese siempre para otras edades y no “las nuestras”, nunca para las nuestras. Qué mecanismo de defensa más elegante, no niega, pero sí aplaza de forma pretendidamente indefinida… y nos permite seguir viviendo la vida que nos vamos “construyendo”.a5“Valar Morghulis”, que significa en Alto Valyrio, lengua de Essos, tierra de los primeros hombres,  “Todos los hombres deben morir”.

Pero, ¿y cuándo en la vida todo me empiece a saber a pérdida?, ¿y cuándo lleguen los momentos en  que no parezca ya quedarme tiempo para culminar los proyectos aún inacabados que le han dado sentido a mi vida?

¿Cómo será esa mi última jornada?, ¿cómo me hallará ese día en que, de forma imprevista (o predecible), la muerte desvele al fin su presencia y yo comprenda, de forma definitiva, que ya nada tiene marcha atrás, que ya nada es aplazable, que no hay una nueva oportunidad?

6¿Cuánto de angustia, de tristeza, cuánto de vacío o de serenidad, atesoraré entre mis manos?

¿Cuánto me interrogará lo vivido?

Cómo de despierto me o de abatido me encontrará esa mi última jornada.

Cómo de serena será mi última mirada.

 

Antonio Reyes, en búsqueda y queriendo desaprender.

 

“No hay ningún verso en toda mi vida que no sea un poema de despedida”

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Ōta Dōkan (太田道灌, 1432-1486) fue un samurái japonés y poeta afamado por haber sido un excelente estratega militar. Tras ser acusado de deslealtad hacia la familia Uesugi, fue ejecutado. Se dice que asiendo el puñal que tenía clavado, pronunció el siguiente poema y murió:

“Si no hubiera sabido

que ya estaba muerto,

habría lamentado perder la vida”.

La conciencia de la muerte siempre ha formado parte de la vida en todas las culturas. Así, los paganos antiguos decían que temerá a la muerte aquel que no haya pensado en ella. Los egipcios tenían la creencia de que cada ser humano tenía un cuerpo físico y un ka, fuerza inmaterial que permanecía viva cuando el cuerpo había perecido, y pasaban sus vidas intentando obtener esa vida eterna. El marqués de Sade decía que había que hacerse una idea libertina de la muerte. Los mejicanos se relacionan con María Guadaña con mucho humor, conservando las raíces precolombinas de su cultura…

Cuando nuestro entendimiento es circular, vida y muerte dejan de ser antagónicos. Y la milenaria cultura japonesa así como la china, saben de eso.

c2Idiograma japonés que representa la muerte

La vida humana era efímera en los tiempos medievales, por eso surgió la ceremonia del té, un ritual exacto en el que sólo importa el AHORA. También florecieron los HAIKUS, un tipo de poesía japonesa que atrae gracias, tanto a su peculiar estructura métrica musical (sólo tres versos que configuran una pieza volátil, que se degusta y desaparece), como por su intensísima capacidad de sugerencia y evocación espontánea, ocultas tras esa apariencia compositiva de aire desenfadado y sencillo, que no simple.

Con el desapego de quien sabe que la realidad no es más que ilusión, los haikus fueron utilizados a menudo para expresar los sentimientos del sujeto a la hora de su muerte a modo de último adiós.

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Es en su brevedad donde reside la fuerza de esta poesía nipona, encajando dulcemente con la fugacidad del acto fatal, intentando captar ese momento y la sensación que está pasando y ya se ha ido, ayudando al poeta en definitiva a salir de sí mismo.

“Mientras viajaba, enfermé:

Mi sueño sigue viajando

sobre los campos sembrados” Gasan

El Haiku de la muerte es heredera del jisei no ku o palabras al abandonar el mundo que cultivaran los samuráis al culminar con el Hara Kiri. También los kamikazes escribían esos tres versos lapidarios en la cuenta atrás. En un momento de lucidez, con buen pulso y paz interior se preparan para morir y saludan a la muerte, su nueva morada, con un lenguaje bello y desgarrador.

“Has cumplido con tu deber

hasta hoy;

Viejo espantapájaros”. Raishi

 

“La noche se acorta:

Un sueño de cincuenta años

acabo de finalizar” Kafu

 

Sí, el ahora es efímero, y la vida nos lo parece cuando se acaba. La cultura nipona rebosa símbolos de ese sentimiento fugaz que lo envuelve todo en la vida. Como la flor del cerezo…

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Un Haiku refleja de forma magistral toda esa idiosincrasia oriental y su particular cosmovisión de la existencia. Son pequeñas joyas impregnadas de ese sentimiento y percepción tan oriental de quietud trascendente, de simple contemplación sosegada de la naturaleza, su orden y belleza y una actitud armónica y metafísica, con la totalidad del universo.

El escritor nos deja, la muerte le oprime, pero en sus letras no predomina el drama sino el temple. Parece imposible imaginar y empatizar con esa contención, valentía, sabiduría y humor teniendo en cuenta las circunstancias particulares en que se escriben pero, aun con tan sintético formato, dan qué pensar.

“Adiós.

Pasó como todas las cosas:

rocío sobre la hierba”. Banzan

 

“Cielo claro.

Por el camino por el que vine

vuelvo”. Gitoku

 

“Como gotas de rocío

sobre una hoja de loto

desaparezco”. Senryu

Pero no siempre la muerte se acepta con resignación y buen humor. Suelen contener un regusto triste y desesperanzado aunque suenan extrañamente relajantes. Resulta  hermoso leerlo despacio y deleitándose…viviendo muriendo…

“Una hoja se va, y

otra se suma

al viento”. Ransetsu

 

“Se enciende

tan tenuamente como se apaga:

una luciérnaga”. Chine

 

Fuera de las fronteras japonesas, autores como Benedetti u Octavio Paz han cultivado el Haiku influenciados por la inmediatez de esta sencilla, escueta e insinuante forma de expresión poética.

“Luna, reloj de arena:

la noche se vacía,

la hora se ilumina”. Octavio Paz

 

“Después de todo,

la muerte es sólo un síntoma

de que hubo vida”. Mario Benedetti

Expresar no solo la muerte sino cualquier adversidad en los tres versos del haiku (o en cualquier otra expresión artística) no sólo es precioso, sino que confiere mucha paz en las personas.

Se trata de sintetizar el trance de la muerte en unas pocas sílabas. Algo tan complejo que se reduce en un pensamiento, un sagrado instante que si bien parece que se escapa, perdura en esencia en esas tres líneas.

Los Haikus encierran toda una vida y también le ponen punto y final.

En estos testimonios se nos muestra que la poesía puede llegar a ser la más esencial muestra de lo vital. Brilla incluso en estos casos una sabiduría que sobrevuela y vence incluso a la misma muerte.

Maria del Carmen Moreno Mohedano

 

 

 

Todo preparado, 1, 2, 3, a volar

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Me muero……¿tengo pena?    Miro alrededor y están mis seres queridos,  no estoy sola ….estoy acompañada , las últimas horas pasarán….mi dolor ……por irme y dejarlos solos?   Son mayorcitos , ya saben lo que es la vida….aunque a veces hay que morir para saber vivir…¿quien lo entiende?…difícil reflexión .   Hemos celebrado en más de una ocasión las cosas importantes….Ha costado reunirlos a todos….He disfrutado viéndolos todos juntos….de forma como se merece,  tranquila, pausada y observadora….” Mis limitaciones tan limitantes”

Ya decidimos cómo íba a realizar la marcha,  hasta lo registramos , y así si alguien se despista tiene un lugar seguro donde una y otra vez puede preguntar.    Todo se ve de otra forma, “ claro….. depende del color con que se mire”.

Estoy contenta…me hacen muchas visitas,  y ! hasta he conocido a personas nuevas!.    He conocido a una persona que acude a nuestra casa cuando la necesito, habla conmigo,” se llama Esperanza  de vida y de muerte”, le pregunto todo, y siempre tiene respuesta, da igual lo que le pregunte, siempre contesta… bueno a veces tarda un poco…….claro,” como soy como soy “, y tengo esta cabeza  tan maravillosa,  pues ….la pongo en un aprieto….y siempre contesta….!cualquiera puede con esta ¡…….Por cierto me han puesto un botón…como si fuera una camisa….pero tengo botón.   También tengo una sonrisa nueva,  está conmigo la mayor parte del día,  no se va,  estamos tan bien las dos juntas… es mi  inseparable  compañera….

Ya es medio día, y  empiezan a venir mis amigos,  voy a llamar a mi sonrisa para desearles un buen día.   Hoy es día de preguntar a esperanza por mi sueño, esta noche no llegó, me quedé esperando ….no llegó, “creo que esperanza tiene la respuesta”… lo mismo se perdió …. se lo pregunto seguro….y esto que me han puesto en la nariz….me da cosquillas y está fresquito….me cae bien…..ahhhh también le preguntaré a esperanza por la comida, últimamente no hay cucharas…no sé donde están…es difícil verlas en la mesa….servilletas hay , y muchas, hay hasta un babero….y eso no era para los niños  pequeños……no sé… Se lo pregunto seguro.

¡Ves son mis amigos!…. ya me conocen bien… al principio nos costó… claro tardaron un poco porque Don Manuel no se sabía bien la dirección,  yo insistí bastante….. no quería , no era el momento de cambiar la dirección…..pero al final me salí con la mía….era la dirección que yo me sabía ….Este Don Manuel ……

Ya que todos se marcharon …puedo dormir tranquila…!ya quedó todo hecho…estoy feliz…. he conseguido  que todo quede en paz,  ya puedo volar….

PDTA :  A esa persona tan apreciada y querida  que se le olvidó quien era.

Paula Zamora Gálvez

 

 

De lo público a lo privado

Mientras pensaba que estaba aprendiendo a vivir en realidad he estado aprendiendo a morir”

Leonardo Da Vinci.

Tanto la muerte como la vida son acontecimientos esenciales de nuestro existir. Aun así, la muerte se ha considerado como un tema tabú en nuestra sociedad y en nuestra cultura occidental.

A lo largo de nuestra historia tenemos múltiples ejemplos de cómo se ha representado a la muerte y cómo ha ido cambiando esa representación. La literatura, la pintura y el cine han contribuido a ello.

En las sociedades de Occidente hasta finales del S. XIX la muerte se experimentaba como algo familiar y al mismo tiempo como algo público.

De ello tenemos constancia a través de la pintura.

GreuzeEn este cuadro de Jean-Baptiste Greuze, “El hijo castigado” (1778, Museo del Louvre), se representan escenas cotidianas de la sociedad.

El moribundo se encuentra rodeado de su familia y amigos en el proceso de la muerte.

Y cabe destacar la presencia de los niños tan ajenos a la muerte hoy en día en nuestra sociedad.

Hasta hace poco esto era así en nuestro propio entorno. Yo tengo el recuerdo muy presente de la muerte de la única abuela a la que conocí y que vivía con nosotros cuando yo tenía apenas 11 años. Entonces, mi abuela tras una larga enfermedad que la mantuvo casi 5 años encamada falleció en nuestra casa. Durante estos años vimos a mi madre como sin tener conocimientos médicos ni de enfermería cuidaba de su ser querido y donde todos participábamos de aquellos cuidados. Se acudía al hospital en casos de extrema necesidad. Entonces era su médico de cabecera quien venía a casa y daba las instrucciones necesarias para continuar con los cuidados. Fue de esa manera que D. Miguel, que así se llamaba a nuestro médico, era parte ya de nuestra familia y de nuestra realidad. En ningún momento mi madre se planteó la posibilidad de que mi abuela muriese en otro lugar que no fuese su hogar. Murió rodeada de su familia. Por mi casa pasaron además, amigos, vecinos y por supuesto D. Miguel que certificó la muerte. La muerte de antaño era familiar, se producía dentro del hogar.

En nuestra cultura de ahora resulta tétrico ver morir en casa e incluso velar el cadáver en el mismo lugar donde dormimos, comemos o realizamos la vida cotidiana. Y menos aún rodeada de niños como me tocó a mí.

El que enseña a los hombres a morir, les enseña a vivir” Montaigne

Ahora como médico de urgencias, he tenido numerosas ocasiones de ver cómo cada vez más traen a los familiares a morir al hospital. Hay veces que la muerte es tan inminente que no da tiempo a que puedan ser hospitalizados, al menos en una habitación, y mueren en la frialdad del cuarto de críticos. Solos, sin familiares, rodeados exclusivamente del personal sanitario, aunque con buenas intenciones, hace que el proceso de muerte se impersonalice, ¿Que conocemos nosotros de esa persona? ¿Que sabemos de ella? ¿Qué biografía le rodea? ¿Qué le ha llevado hasta allí?

Porque la muerte reconocida únicamente como el fin de un procecso biológico conlleva a su deshumanización y a su despersonalización. Si antes los familiares eran los responsables del proceso de morir, hoy lo son los profesionales de la medicina.

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Esta película, Amar la Vida, refleja en muchas secuencias la soledad y la desolación que provoca la enfermedad terminal. Muestra un monólogo de una enferma de cáncer, en la última etapa de su vida, moribunda, solitaria y en la habitación de un hospital.

Los hábitos también han cambiado para los servicios funerarios. Hoy cualquier pueblo tiene su propio tanatorio, hay necesidad de recibir a los familiares y a los amigos en un lugar ajeno a los domicilios. Esto da lugar a que las funerarias ofrezcan todo tipo de servicio. Actualmente existe hasta redes sociales funerarias que te ofrecen la oportunidad de dejar las condolencias o el pésame a la familia sin necesidad de acudir personalmente al velatorio.

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¿Qué ha quedado de ese luto llevado al extremo por Federico García Lorca en “La casa de Bernarda Alba” al solo expresado en el momento del funeral hoy en día?

Cada vez hay mayor número de incineraciones con lo cual la afluencia a los cementerios ha disminuido. La visita a los cementerios solo se hace en fechas señalada y cada vez por menos familiares y amigos.

Haciendo reflexión de todo esto se me viene a la cabeza aquella canción de mecano que hablaba de los cementerios. “No es serio este cementerio”.

O el poema de Antonio Machado, “En el entierro de un amigo”:

Tierra le dieron una tarde horrible
del mes de julio, bajo el sol de fuego.
A un paso de la abierta sepultura,
había rosas de podridos pétalos,
entre geranios de áspera fragancia
y roja flor (….) Sobre la negra caja se rompían
los pesados terrones polvorientos…
El aire se llevaba
de la honda fosa el blanquecino aliento.
Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa,
larga paz a tus huesos…
Definitivamente,
duerme un sueño tranquilo y verdadero.

En estos momentos, gracias a los cuidados paliativos, vamos hacia la humanización de los cuidados y la hospitalización domiciliaria para que los pacientes tengan la máxima calidad posible en sus últimos días de vida. Es importante que los profesionales incluyamos en nuestra formación una dimensión humana para tratar el proceso de morir como algo que transcienda lo meramente biológico, ya que el proceso de morir en el ser humano incluye emociones, vivencias que hace que sea única en cada uno de nosotros.

Nuestra vida es un constante viaje, desde el nacimiento hasta la muerte.

El paisaje varía, la gente cambia, las necesidades se transforman, pero el tren sigue adelante.

La vida es el tren no la estación”.

Paulo Coelho

Mª Ángeles García Collantes

El espacio del silencio

1

EZao Wou-Ki, Hommage à Claude Monet, 1991. Colección Privada. Foto: Jean-Louis Losi. © ADAGP, Paris 2018

Desde ese día que sellamos el acuerdo y te prometí lealtad… te acompañé…

Nos acogimos al art. 1255 del Código Civil que proclama uno de los grandes pilares del Derecho Privado, el Principio de Autonomía de la Voluntad, según el cual:  “Los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral, ni al orden público”, así, dentro de los límites naturales (Ley, moral y orden público) nos permitimos, porque nos lo autorizaba la norma, modificar el esquema del contrato tipo hasta el punto de deformarlo mediante la combinación de estipulaciones imaginarias que nos llevó a dar vida a un nuevo formato de contrato, al que la doctrina califica de “Contrato Atípico”.

No pretendíamos solo tener la “Libertad de Contratar”, que se refería a la libertad de contratar o no, sino que buscábamos la “Libertad Contractual” la que afectaba a su contenido… a la libertad de opción, de elegir, de constituir, de modificar, de adicionar, de SER…

Y seguimos la norma y nos llevó al siguiente artículo, el art. 1256 del Código Civil, otro gran pilar de la “Relación”, el de la “necessitas”, la esencia de la obligación, ni uno ni otro podía desligarse unilateralmente de la obligación, y dice así “La validez y el cumplimiento de los contratos no pueden dejarse al arbitrio de uno de los contratantes”.

Y en esa “Relación de Vida-Muerte” que pactamos, de todo punto recíproca o sinalagmática, porque así lo quisimos ambas partes y por que el art. 1258 del Código Civil nos apoyaba “Los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento, y desde entonces obligan, no solo al cumplimiento de lo expresamente pactado, sino también a todas las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la ley” …claro …dentro de un tipo de contrato…el nuestro…. que se basaba en el Principio de la buena fe, lo que significaba que en sentido objetivo daríamos a nuestro contrato cumplida y debida efectividad para la realización del fin propuesto, lo que exigía comportamientos justos, adecuados y reales de nosotros… y… en el transcurso de los días me pediste en más de una ocasión:

Diles a los demás que fui un cometa errante
una luz que se perdió buscando el norte
tengo la impresión que mi vida cambiará
a mejor, mañana

Pero en ese viaje interior en el que nos embarcamos, al igual que ibas hacia el futuro, también regresabas al pasado y comprendías la carga del presente:

Que no daría yo por empezar de nuevo

         A pasear por la arena de esa playa blanca  (…)

         Y escuchar ese grito de mi madre (…)

         Para contar estrellas desde mi ventana (…)

         Y volar a los brazos de mi pare (…)

         Que no daría yo… 

Tras cerrar la despedida de quien se aprecia y continuar “Rumbo Sur”.

Cogiéndoles la mano a los que ven acercarse los últimos gramos de arena, sin más empuje ni razón que la conciencia del SER y la intensidad del SILENCIO y la QUIETUD.

Comprendí las palabras del poema:

2

Zao Wou-Ki. Saint Tropez. Grabado. 2006

No importa cuán estrecho sea el camino

         Cuan cargado de castigo el viaje

         Soy el capitán de mi destino

         Soy el capitán de mi alma

 

 

 

 

Y, comenzó la construcción con ilusión y curiosidad. Vi como las piezas del puzle iban encajando, comprendí que el viaje hacia la muerte es un viaje de madurez, con un comienzo y un final, que las etapas son efímeras, pero necesarias de agotar y que llegada la hora, si la conciencia lo permite, nadie quiere dejar de “SER”…  lo que me ha llevado a un profundo sentido de respeto a la PERSONA (en sus dos elementos cognitivo y volitivo) para SER / ESTAR /  DECIDIR; porque la capacidad se presume siempre, mientras que la incapacidad, en cuanto excepción, debe ser acreditada de modo evidente y completo.

Y recuerdo la magnífica definición de “PERSONA” según CASTÁN:

Etimológicamente, la palabra PERSONA tiene su origen en el sustantivo latino persona-ae, derivada del verbo persono, que significa sonar mucho, resonar.

            Con este sustantivo se designaba la máscara o careta que utilizaban los actores y que servía al mismo tiempo para caracterizar, para ahuecar y lanzar la voz.

            Posteriormente esta palabra, se aplica al actor, y luego a los ACTORES DE LA VIDA social y jurídica

Así, llegado el momento de DEJAR DE ACTUAR, nada mejor que ceñirse al art. 32 del Código Civil: “La personalidad civil se extingue por la muerte de las personas

Y…  estando inmersa en la búsqueda de la PONDERACIÓN… escucho esta canción

Más vale que no tengas que elegir

entre el olvido y la memoria,

entre la nieve y el sudor.

Será mejor que aprendas a vivir

sobre la línea divisoria

que va del tedio a la pasión.

No dejes que te impidan galopar

ni los ladridos de los perros

ni la quijada de Caín.

Que no te dé el insomnio por contar

las gaviotas del destierro,

las amapolas de Paris.

Te engañas si me quieres confundir

esta canción desesperada

no tiene orgullo ni moral;

se trata solo de poder dormir

sin discutir con la almohada

donde está el bien, dónde está el mal.

La guerra que se acerca estallará

Mañana lunes por la tarde

Y tú en el cine sin saber

Quién es el malo mientras la ciudad

Se llena de árboles que arden

Y el cielo aprende a envejecer.

Y sal ahí

A defender el pan y la alegría.

Y sal ahí.

3

Zao Wou-Ki. Quadriptyque, 1990. Óleo. Colección privada. Foto: © Jean-Louis Losi

Rosario Mª Arenas Cano