Que nadie hable de ello hace que sea aún más difícil…50-50

1.jpg50-50 es una película americana de 2011, protagonizada por Joseph Gordon-Levitt (Cosas de marcianos; Beethoven, uno más de la familia; Coacción a un jurado; Origen… entre otros títulos) que cuenta, en un tono de comedia romántica, la historia de Adam, un joven periodista de 27 años que es diagnosticado de cáncer, cómo afronta el diagnóstico y su relación con las personas que le rodean, su mejor amigo, su novia, su médico, sus padres, su psicóloga…

A lo largo de la película podemos ver diferentes situaciones a las que se enfrentan los pacientes con cáncer y que tocan de lleno el ámbito de la bioética, desde el diagnóstico (relación médico-paciente), la información (consentimiento informado y decisiones compartidas), el desapego y la falta de empatía por el impacto de esta noticia (acompañamiento)… y el afrontamiento de la posibilidad de morir (final de la vida).

En un momento dado, el protagonista dice la que me parece frase más significativa de toda la película, y que en mi opinión representa uno de los principales problemas a los que se enfrentan los pacientes con cáncer u otras enfermedades en las cuales se pueda prever un desenlace fatal en un corto periodo de tiempo: “Que nadie hable de ello hace que sea aún más difícil…”, porque es difícil hablar con nuestros seres queridos, con nuestros amigos, familiares, compañeros… con nuestros pacientes, de la posibilidad de morir… y en algunos casos, del inminente curso de determinadas enfermedades hacia la muerte. 2

La muerte está presente en nuestra vida desde el momento del nacimiento, desgraciadamente, desde el principio de nuestra vida estamos expuestos a multitud de situaciones, acontecimientos, enfermedades que pueden derivar en la muerte… la muerte forma parte de la vida, y como suele decirse, el principal factor de riesgo para morirse es estar vivo.

En nuestro país está tomando una progresiva importancia y presencia el debate sobre “la muerte”, “la muerte digna”, tanto a nivel social, como político, y prueba de ellos son las llamadas leyes de muerte digna de la que Andalucía fue una de las pioneras, Ley 2/2010, de 8 de abril, de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de la Muerte y más recientemente las Propuestas de Ley de Podemos en 2017 que no consiguió ser admitida a trámite y la presentada por el PSOE hace apenas unos días y que si ha pasado este primer trámite parlamentario, y que contemplan, ambas, la eutanasia como derecho de las personas en su proceso vital.

Parece que estamos empezando a hablar de ello, el debate está sobre la mesa, somos consciente que nos vamos a morir, y es necesario que este proceso de la vida, que es de los pocos que no tiene marcha atrás (que sepamos) y que no es fácil, sea lo más digno posible, lo demos en las mejores condiciones y con todas las garantías de que se cumplan nuestros derechos como persona… porque, sin duda, “que nadie hable de ello hace que sea aún más difícil…”

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Miguel Porras Povedano

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¿Tiene la religión el monopolio de la espiritualidad?

1Camino es una película española dirigida por Javier Fesser en 2008. Fue una película que causó algunas controversias en el momento en el que se estrenó, Nerea Camacho interpreta el papel de la protagonista, una niña de once años que se enfrenta a la vez a dos circunstancias, a cada cual más intensa: el amor y la muerte. Las controversias nacen del hecho de que la película esté basada en hechos reales, Alexia González Barros es la niña en la que se inspirará el personaje de Camino. Alexia muere a los catorce años en 1985, actualmente se encuentra en proceso de canonización. La familia de Alexia, integrantes del Opus Dei, manifestaron su fuerte descontento con la interpretación que Javier Fesser había hecho de la historia de Alexia. Pero, ¿Por qué? ¿Acaso no muestra los valores cristianos de forma clara y sin romantizarlos? ¿Acaso no muestra también las herramientas que tuvo una niña de tan corta edad para enfrentarse a algo como es la muerte?

2Hablemos un poco mejor de la historia… Cuando Camino había decidido apuntarse a una obra de teatro en la que iba a ser la protagonista (junto con el chico del que se había enamorado, Jesús) le diagnostican un tumor cerebral. Tiene que someterse a numerosas pruebas y ella desde un primer momento, enfrenta la enfermedad de la mejor manera posible, si bien tenemos que saber que aunque su carácter ayude, esa actitud ante la muerte y sobretodo, frente a la vida, nace de unas creencias católicas inculcadas por su familia.

La familia de Camino, y en mayor parte su madre, conciben la vida como un regalo, somos pecadores por el hecho de vivir y debemos redimir nuestros placeres, sean los ínfimos que sean, para sacrificarnos ante Dios y ser merecedores de pasar la eternidad a su lado.

Partiendo de esta forma de pensar, una enfermedad como el cáncer simplemente es un regalo, una prueba de Dios para que demuestres tu fe. Morir no es más que el regalo divino de poder pasar la eternidad junto a Él. Pero, ¿puede una niña de once años llegar a pensar de esta forma, o simplemente quiere hacer feliz a sus padres y tiene la actitud que ellos esperan de ella? El director de la película opina que no, una niña de once años tiene en la cabeza lo propio de cualquier niña de once años, aunque sea educada en la fe. Es por ello que introduce el personaje de Jesús, de quien Camino se enamora y cuando dice su nombre en sueños, sus padres pensaran que habla de Dios.

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Pero esto no es lo interesante a nivel ético de la película. Nos planteamos en este punto cuán dañino puede ser el hecho de educar a tus hijos en la fe, cuando, al menos en este caso concreto, les das una forma de desmitificar la muerte, Camino se enfrenta a la muerte de una forma que a muchas personas les resultaría imposible. “¿Quieres que rece para que tú también te mueras?” le dice a su hermana en una ocasión, cuando ella le comenta lo afortunada que es de poder encontrarse con Dios.

Nos movemos en unas líneas éticas difíciles de resolver. Por un lado, se puede recriminar el paternalismo de inculcarle a unx menor cómo debe pensar y cómo debe afrontar determinadas situaciones tan complicadas como puede ser enfrentarte a una enfermedad. Por otro lado, el proceso por el que pasa la protagonista, así como toda su familia, no es vivido como un drama, no es un castigo que una niña de once años a la que no le ha dado tiempo a vivir su vida muera, no es algo negativo, la muerte es natural, es un regalo de Dios. ¿A qué le damos más valor entonces, a la autonomía de un librepensar o a la capacidad de enfrentar la muerte sin miedo? También podemos tener en cuenta que resulta prácticamente imposible que los hijos y las hijas no adquieran formas de pensar que tengan los padres, pero parece que lo cuestionamos mucho más y lo denunciamos abiertamente cuando hablamos de una forma de pensar religiosa. ¿Y si no estuviera la religión por medio, qué opinaríamos de que unos padres le inculquen a su hija unos valores que le hagan enfrentarse a la muerte de forma natural? ¿Hasta qué punto hubiera sido mejor que Camino naciera en una familia laica y que hubiera pasado los últimos años de su vida con miedo y sin saber afrontar lo que estaba viviendo? ¿Por qué tenemos la libertad de cuestionar siempre las creencias religiosas pero no los valores que puedan tener las familias laicas?

Parece que hoy en día no somos muy capaces de adoptar una postura espiritual sin que pensemos directamente en las religiones. La religión es un camino, pero cuan positivo sería hacerlo sin dogmatismos. La protagonista realiza un afrontamiento positivo de su proceso,  la cuestión aquí es si seríamos capaces de afrontarlo de la misma forma que ella sin necesidad de apelar a una religión. ¿Estamos preparadxs para sostener una espiritualidad laica? ¿Es tal espiritualidad tan efectiva como la fe en las creencias religiosas?

Victoria Martínez López

La justicia Philadelphia

La JUSTICIA_PHILADELPHIA (1)En Philadelphia se pone en juego el valor de la salud, la vida, la libertad personal, la dignidad, y la JUSTICIA, pero desde la aridez de una enfermedad nueva (SIDA) y de un grupo social con conductas sexuales “perniciosas”, los homosexuales.

Andrew Beckett es un brillante abogado de un importante bufete de Filadelfia. Miguel,
ciudadano español residente en los Estados Unidos, es su pareja. Andrew tiene el VIH, su
pareja no. Andrew oculta que padece el SIDA por temor a la reacción de sus jefes, sobre todo por su condición de homosexual. Su actividad laboral no entraña riesgo alguno para sus compañeros de trabajo. Cuando uno de sus compañeros advierte en su piel lesiones propias de la infección por VIH, es fulminantemente despedido, acusándolo injustamente de NEGLIGENCIA PROFESIONAL (al hacer perder la demanda más importante del afamado bufete, apareciendo a última hora). Tras un periplo por varios despachos de abogados de la ciudad, el letrado Joe Miller, que en un principio no ve motivos para llevar a juicio al bufete, aunque la verdadera razón es que tiene grandes prejuicios: mentalidad homofóbica, discriminatoria y con miedo a una enfermedad de la que no tiene mucha información. Esta homofobia de Joe irá desapareciendo cuando el ser humano que hay detrás de todo gay o lesbiana se hace presente mediante el trato cotidiano con su colega y cliente.

Tras una escena en una biblioteca en la que Joe percibió ser discriminado por su color (negro), y Andrew por su enfermedad, se produce un cambio en su universo de prejuicios y asume lo que hasta ese momento negaba, todos los individuos tienen los mismos derechos sin importar nada mas. Se produce un conflicto entre el ámbito personal y profesional de Joe, en el ámbito profesional existe un código ético de conducta que indica que ha de buscar LA JUSTICIA. Es justamente en este contexto, cuando las personas se ven enfrentadas a las situaciones más difíciles, pues deben abandonar las ideas y creencias que practican diariamente y que dictan sus acciones en sus vidas privadas, pues el profesional, debe mantener una actitud neutra, para desempeñar de buena forma su profesión, evitando juicios de valor innecesarios en los que posiblemente incurriría si estuviera desenvolviéndose dentro de su vida privada.

Finalmente acepta el caso, se está infringiendo la LEY, el abogado debe poner en primer lugar la JUSTICIA, es una cuestión de ÉTICA PROFESIONAL: demandará a la firma por discriminación injusta.

“Philadelphia, es la cuna de la libertad, donde los padres de la patria redactaron la Declaración de la Independencia, y no recuero que hayan dicho, todos los hombres hetero son creados iguales, sino que todos los hombres son creados iguales”

2Estaba amoratado y magullado, y no podría decir lo que sentía.

Estaba irreconocible para mí mismo, vi mi reflejo en el espejo, no conocía mi propio rostro.

Oh hermano, ¿vas a dejarme consumiéndome en las calles de Filadelfia?

Bruce Springsteen

Andrew cuenta a Joe que no podrá sobrevivir a su enfermedad pero que realmente está
preparado para luchar por sus derechos. El problema principal que se plantea es la aplicación de la JUSTICIA, por la falta de imparcialidad de aquellos que deben estar obligados a ello: jueces, abogados, jurado y testigos, estos actores del sistema judicial son personas, con sus vivencias y sus creencias de las que es difícil deshacerse. Los prejuicios no pueden influir en las decisiones de estos en un litigio.

La labor del abogado, ante el jurado, consistirá en desenmascarar a sus compañeros y dejar en evidencia sus prejuicios y su consiguiente conducta discriminatoria. Mientras el juicio avanza, los efectos del VIH se van haciendo cada vez más patentes sobre la salud de Andrew, a quien no le falta el apoyo de su pareja y de su familia en la lucha contra la enfermedad. Después de una larga batalla judicial, logran desenmascarar la discriminación, logrando ganar el juicio.

Manuel Peralta Cruz

Bajo la misma estrella

Hace  aproximadamente un mes, durante la charla familiar en la comida, mi hija de 16 años me preguntó que planes tenía para la tarde, yo le contesté que iba a escribir  acerca del final de la vida. Ella acababa de leer un libro, “Bajo la misma estrellao “The fault in our stars en inglés, escrito por el estadounidense John Green en el año 2012, me lo aconsejó, al igual que la película del mismo nombre.

Y pensé ¿porqué no considerar dicha historia?. Es una novela que habla de la actutid ante la muerte de dos adolescentes y el entorno que les rodea. Aunque por el estilo narrativo se encuadra en la literatura juvenil, por el enfoque y profundidad de sus temas alcanza a todas las edades.

 

Hazel Grace y Augustus (apodado Gus) son dos adolescentes tocados por un mismo destino.  Marcados por una enfermedad terminal,  se conocen en un grupo de apoyo ( de esos que suelen salir en casi todas las películas americanas), y enseguida conectan a través de su sarcasmo fatalista y la atracción mutua. Ambos han sido mutilados por sus enfermedades, a Gus le han  tenido que amputar una pierna debido a un osteosarcoma, y Hazel debido al cáncer de tiroides en fase IV que se expande a los pulmones y a base de un medicamento experimental llamado Phalanxifor está logrando sobrevivir unos años más de lo esperado, pero  necesita tubos de oxígeno para mantener sus dañados pulmones. Hazel ha perdido la esperanza y se ha aislado de sus padres y compañeros por completo. Pero, no sospecha que, a pesar de tener consciencia de que morirá en cualquier momento, aún le queda por conocer uno de los episodios más apasionantes de su vida, el  “amor  verdadero” cuando conoce a Gus.

El autor expresa que el título del libro fue inspirado por William Shakespeare en la famosa frase de de Julio César, cuando Casio,  en el Acto 1/Escena 2 de la obra, le dice a Bruto: “La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores”. Y su fuente de inspiración (pero no estrictamente basada en ella)  fue Esther Grace Earl que padecía cáncer de pulmón, muriendo el 25 de agosto de 2010, a los 16 años, cuando trabajaba como estudiante capellán en un hospital de niños.

A  lo largo del libro, John Green nos va presentando incisivas y duras frases , como por ejemplo las siguientes:

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“Me diste “un para siempre” en nuestros días contados, y no sabes lo agradecida que estoy por nuestro pequeño infinito.” Referencia al sofisma Aquiles y la tortuga y los infinitos de sus momentos.

 

“Te mueres en medio de la vida, en la mitad de una frase.”

4                                 “Algunos infinitos son más grandes que otros infinitos.”

“No puedes elegir si serás lastimado en este mundo, pero si puedes decidir quien te lastima.”

“Las huellas que dejamos los hombres suelen ser cicatrices.

La lectura y visionado de la película me hace pensar, en que los adolescentes tienen  la capacidad de  toma de desisiones que les marcan para siempre, incluso en el infinito de un día o una hora, y que la vida por muy corta que se presente ante nosotros merece la pena vivirla.

Para ellos,  sus  instantes comienzan a ser infinitos, y desde una perspectiva cósmica 10 años y 100 años son lo mismo. Un instante que es como ya hemos mencionado en el sofisma de  Zenon y los infinitos potenciales de los numeros. Pero, hay un momento que esa ilusión  se desmorona ya que  empiezan los dolores y la proximidad de la muerte hacen que pierdan el control, puesto que al fin al cabo todos somos humanos.

Saben que van a morir y lo hablan como podemos ver en una parte del libro en que Gus le pide a su mejor amigo, Isaac, y a Hazel que le hagan un pre-funeral escribiendo un discurso y  simulando su velatorio ( ocho días después muere).

Los padres, acompañando a sus hijos de forma callada, perdidos por su dolor, impotentes, no saben que hacer,  les aconsejan  que asistan a grupos de apoyo y que se relacionen; a la vez les dan una libertad infinita debido al poco tiempo que les queda, respetando la comprensión de los hechos que exponen  sus cuadros clínicos y en particular el círculo de sus amistades.

Al ser una histroria de amor y muerte, podemos ver que en la última línea del libro, “sí, quiero”, simboliza el matrimonio porque ” las comedias de Shakespeare terminan en el matrimonio y sus tragedias terminan en la muerte”.

La difusión de la novela dentro de las redes sociales y el éxito de la película contribuyeron a que fuera enormemente apreciada dentro del público joven o adolescente y no pocos adultos siendo actualmente la obra más popular del autor.

Desde la opinión púbica se han generado críticas generalmente positivas hacia la obra, siendo considerada en la actualidad una gran novela del género “young adult”. Se le ha dado gran importancia a la enseñanza y los valores morales que el libro intenta transmitir al lector con el encuadre científico que hacen de nuestra pequeñez algo ínfimo entre los cuatro o cinco  mil millones de años de nuestro Sol. Y la vida de nuestro Sol tan mísera como la nuestra en el universo que nos contiene, puntualizando que el final de la vida y el encuentro con la muerte es un momento que a todos nos va a llegar.

Carmen Muñoz Sánchez

Enlaces acerca del libro:

Bajo la misma estrella – Megustaleer

Leer Online ” Bajo la Misma Estrella ” PDF o descargar libro Completo

Enlace de la película:

 https://www.youtube.com/watch?v=O6HrO8V54Jk

 

 

Quién decide la muerte

Cine-ALEA

Sobre la película Amour

La muerte es poderosa, infatigable, tenaz. Su irrenunciable compañera, la vida, le controla el paso. La muerte no lo tiene fácil, pero se abre camino más allá del deseo o de la esperanza.

 

Vivir no es suficiente para morir. El menoscabo humano, el colapso de los sentidos, el fracaso orgánico le alfombran el paso, y la voluntad humana es la clave. Cuando el organismo se extingue, cuando los lazos se rompen, cuando la esperanza se nubla, las personas claudican ante la muerte y se agotan.

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La vida deteriorada se doblega ante el tesón de la muerte, y son los ojos perplejos de las personas los que reconocen la transformación. La última etapa de la vida tiene una sola dirección, no es reversible. Las personas y sus seres queridos la intuyen y el paso lento del tiempo la afianza.

23Sin embargo, no somos únicamente los espectadores de esta metamorfosis. Algunos se revelan con sufrimiento y estrépito y otros organizan sus ideas y dirigen sus objetivos para oponerse a la hegemonía de la muerte. No permiten que la muerte lleve las riendas. Es la voluntad de estos, la que marcará los tiempos.

 

En las almas gemelas, aquellas que bajo una sola expresión han vivido la vida 3intensamente, se produce un curioso efecto, los pensamientos, los anhelos, los deseos y el dolor no son de ambos, sino de ese único corpus espiritual.

Pero ¿es ético decidir la muerte del otro?

Existen muchas iniciativas para regular el final de la vida, pensadores, ideólogos y filósofos debaten sobre la ética de la muerte. Sin duda el respaldo de una regulación normativa evitará decisiones y comportamientos individuales. Mientras es la voluntad agotada de las personas la que busca la solución.

Begoña López Hernandez

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Veintitrés meses y la sinrazón

A propósito del caso de Alfie Evans

Veintitrés meses de existencia. Una existencia marcada por una enfermedad neurodegenerativa “rara”, que le ocasiona una situación  descrita como pseudovegetativa. Ha trascendido que no ve, que no oye, que no está consciente, que no tiene interacción alguna con el medio. Hospitalizado y dependiente  desde los seis meses de vida, con un respirador artificial y otras medidas como aporte de líquidos y nutrición. Se estima que ha perdido más del 75 % de su contenido encefálico. Sin tratamiento efectivo capaz de curarle y con evolución progresiva.

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Veintitrés meses; de mala existencia, pero veintitrés meses de vida, y es un niño.

¿Qué hacer o continuar haciendo con el pequeño?

 

 

No es por desgracia ni el primer ni el único niño en esta situación, pero determinados casos, sobrepasan el ámbito sanitario en el que se tratan.

El  ámbito del debate se “desparrama” de forma irrefrenable y raya la sinrazón. Ya no es clínico-sanitario, ni de relación médico-paciente o familiares, es fuertemente  social, de gran implicación jurídica,  y la desmesura le hace adquirir tintes peligrosamente políticos, también con marcada influencia religiosa.

“Sus  médicos” que le han atendido durante el último año,  llegado este momento plantean la futilidad de cualquier tratamiento que supondría prolongar el proceso, quizás una agonía y la muerte inevitable del pequeño y por lo tanto son partidarios de la Limitación del Soporte Vital. Una decisión estrictamente clínica y basada en decidir “lo mejor para el pequeño”. Decisión solamente clínica,  y probablemente con base ética correcta pero en este caso sin el consenso deseado (aunque no obligado)  con su padre y madre. Estos, reconocen el estado del niño, pero en la medida que pueden, rechazan cualquier Limitación de Soporte Vital. También creen decidir lo mejor para el pequeño, y consideran que nadie mejor que ellos que son sus padres, puede tomar esa decisión.

Como suele ocurrir en estos casos de falta de consenso, el debate alcanza a la Justicia. Los jueces fallan en repetidas ocasiones y en diferentes instancias a favor de la decisión médica y en contra de los deseos de los padres. La base de sus decisiones, es fundamentalmente,  que lo mejor para el chico no es lo que desean los padres por mucho que le quieran.

Esto es algo que los padres no aceptan. Con creencias fuertemente religiosas (católicas y protestante), mantienen una audiencia con el Papa de veinte minutos, y el máximo representante de la Iglesia Católica (defensora de la Limitación de Tratamientos de Soporte Vital como medida correcta en las situaciones en las que está bien indicada), manifiesta el apoyo a los padres y a seguir luchando por la vida del pequeño. La repercusión es  tremenda, el debate se internacionaliza, se materializa la posibilidad de traslado e ingreso en un hospital pediátrico dependiente del Vaticano; y se extiende a la esfera política  con  intervención del gobierno italiano concediendo la nacionalidad italiana al pequeño de forma insólita y  “express”, facilitando al máximo la posibilidad de materialización del traslado del pequeño. Todo ello  obliga a las instancias jurídicas británicas a varias revisiones en escaso tiempo, reafirmándose con consistencia en sus decisiones previas y negando también la posibilidad de traslado del pequeño hasta Italia.

alfie 2Cientos de comentarios en medios de comunicación en diferentes formatos; y  entre los que no he podido encontrar uno de ellos a favor de la decisión médica y de los tribunales de justicia ingleses. La mayoría nos presentan a  los padres como “luchadores incansables” que hasta le han hecho la respiración “ boca a boca” al chico para mantenerle con vida;  al pequeño como un” guerrero que batalla contra todo”; y  que además cuenta con un “ejército de seguidores a pie de hospital, a los médicos y justicia británica como “técnicos crueles que juegan a ser Dios y que quieren acabar con el  pequeño”, y al Papa y gobierno italiano como “salvadores compasivos”·. Hay que salvar a un chico de solo 23 meses; ¿Quién está en contra? ¿Quién mejor que sus padres  y el Papa para decidir lo mejor para el pequeño?

¿Qué hacer o continuar haciendo con el chico?

Un debate que ya es algo más que ético,  motivado por un conflicto de valores  mal o no resuelto, bien por  un mal enfoque inicial (aunque  a unos médicos con experiencia en este tipo de situaciones se les supone capacidad y buen hacer para tratarlas, y en un hospital pediátrico como el que nos ocupa sin duda este no es un caso excepcional); o bien por intransigencia y  la imposibilidad de alcanzar con los padres lo que llamamos un curso de acción intermedio que satisfaga a todos con el menor daño posible. A todo ello sumamos la intervención del  Máximo Pontífice llevada por la compasión; y del gobierno italiano;  que no hacen sino internacionalizar el conflicto incluso con posibles implicaciones políticas y extender el debate con la posición citada de forma generalizada de los medios de comunicación.

¿Y la sociedad en general?  Hablamos de la vida, calidad de vida, de la muerte y del morir, de limitación de tratamientos de soporte vital, de derechos, deberes, todo ello en un pequeño de solo 23 meses; pero pocos enfoques basados en valores éticos y conflicto entre estos que sin duda es de lo que se trata. Nuestra cultura además, matiza todos estos conceptos y su enfoque o planteamiento. ¿Realmente estamos preparados para ello?  Creo que no, pero quizás no sea lo más importante y solo cuestión de tiempo y madurez. Nos puede lo emocional, la visceralidad pero está claro, que nuestra sociedad se revuelve ante el sufrimiento, ante lo que cree injusto, ante la necesidad y solidaridad con el que lo necesita, con el débil.

Es un buen germen frente a la sinrazón de unos y otros, frente a la sinrazón de 23 meses de “mala existencia o vida pseudovegetativa ” y frente a la sinrazón o el sinsentido que por otra parte siempre supone la muerte de un niño de menos de 2 años de edad aunque esté pseudovegetativo.

Suerte, signifique lo que signifique y paz, para el pequeño y sus padres.

Ramón Lara

Viaje hacia la muerte de un padre

“El cine fue el primer espejo en el que el hombre pudo contemplar el proceso espacio-temporal de su propia muerte, sin tener que experimentarla directamente”

                                                                                                             Jean-Luc Godard

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¿Se puede aprender a decir adiós? No hay una manera de decir adiós, ante la eventualidad de una muerte próxima, cada persona elabora su propia manera de enfrentarse a ella, una manera valida solo para esa muerte, para esa persona, para esa situación y para ese momento.

En la película “No sé decir adiós” podemos ver como cada uno de los tres protagonistas se enfrenta a lo inevitable de un modo diferente.

 

La muerte es parte de la vida. Antes o después la muerte nos acecha, ya sea personalmente o en alguien cercano, amenazando nuestra vida.

Esta película nos trae algo tan inherente al ser humano como el miedo a su propia muerte y a la muerte de otros.

La cinta es un drama familiar que cuenta una historia de reencuentros. En este sentido, la película habla  sobre la comunicación, a veces forzada, a veces inexistente, que se establece dentro del grupo familiar.

La vida les brinda la oportunidad de despedirse, pero no encuentran el tiempo ni la forma, así pues no saben, no llegan a decirse adiós.

Otro tema central de la película es la soledad, en la que se encierran cada uno de los personajes para vivir a solas y a su manera su propio drama.

El núcleo de la película es la muerte. El enfoque aquí es el debate que se desarrolla entre la aceptación y la negación de la misma; esta es, de hecho, el motor de la historia y perfila otro de los temas, la negación de la realidad como forma de supervivencia.

La muerte adopta en la película diferentes significados y es, en todos los casos, una realidad que conforma el día a día de estos personajes y de la que todos intentan escapar de manera más o menos consciente. Por un lado está la muerte física, la enfermedad de José Luis, que conforma la trama principal de la historia, por otro, la muerte emocional, a diferentes niveles, de Carla y Blanca, sus hijas.

Algo esencial en la historia es entender desde dónde se elabora esta negación de la realidad/muerte. Nace básicamente del temor a afrontar el abismo que esta provoca pero también de la incapacidad de luchar con las emociones que la propia aceptación de la muerte puede desencadenar; emociones y sentimientos como el dolor, la rabia, el cariño, el amor o el perdón.

Carla recibe una llamada de su hermana: su padre, con el que hace tiempo que no se habla, está enfermo. Ese mismo día coge un vuelo a Almería, a la casa paterna. Allí, los médicos le dan a su padre pocos meses de vida. Pero Carla se niega a aceptarlo y contra la opinión de todos, decide llevárselo a Barcelona para buscar una segunda opinión (en sus propias palabras, “para  que lo vean en un hospital de verdad”). Ambos emprenden un viaje para escapar de una realidad que ninguno se atreve a afrontar y mucho menos, exteriorizar.

En esta cinta se plantea el fin de la vida del padre, un hombre de carácter agrio y hasta hosco, portador de un cáncer de pulmón con metástasis cerebrales en estado terminal, este parece aceptar resignado la situación, intentando evadir el tema en su relación con sus hijas, quizá intentando evitarles el sufrimiento; Estas en cambio viven la situación de manera muy distinta, Blanca, que vive con él, asume el diagnóstico con tristeza y pesadumbre, pero acepta la situación y  la instauración de un tratamiento paliativo para intentar que el final sea lo menos doloroso posible. Carla, la hija que vive en Barcelona, por el contrario y quizá guiada por un cierto sentimiento de culpa, reprocha al médico que no le ofrezca alternativas terapéuticas y con el argumento de buscar un tratamiento eficaz se lleva a su padre intentando huir de lo inevitable.

En Barcelona continúan los días entre remordimientos, disputas y sufrimiento, cada uno de los personajes a su manera.

La rebeldía de Carla acaba pronto, cuando le confirman el pronóstico y el padre comienza una fase acelerada de deterioro.

Comienzan los cuidados paliativos y el padre se va apagando lentamente entre periodos de lucidez y sueños mórficos, las hijas, entre la desesperación y el reproche reflexionan, lloran, conversan, a veces a solas y se hunden en un mar de sentimientos de frustración y dolor. Una mezcla de sentimientos encontrados  que provocan un gran vacío.

Como un televisor que deja de funcionar la muerte se presenta ante Jose Luis, un televisor que Carla quiere hacer funcionar a toda costa.

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Carmelo Gutiérrez González